ESTUCHE MORAZANEIDA
Entre tantos malos acontecimientos esta novela es el mejor suceso cultural que pudo acontecer a Honduras el pasado año.
Esta es la lectura obligada del año, la novela de Ramón Amaya Amador más recientemente rescatada y que con título de “Los rebeldes de la villa de San Miguel” inicia una saga de cinco obras dedicadas a la figura prócer de Francisco Morazán y que se nominan, secuencialmente: “El sombrero de junco”, “La paz y la sangre”, “Sombras de la montaña” y “La última orden”.
Este primer tomo de la serie (ISBN-978-99926-80841) reconstruye con credibilidad la etapa juvenil de Morazán, ocurrida en Yuscarán y particularmente Tegucigalpa. Cual tendido de escena, para esa fase formativa Amaya Amador va haciendo ingresar a quienes serán en el futuro protagonistas de la épica inmediata, en específico la del nacimiento de la patria ístmica y del Estado nacional, momento pleno de angustias y vibración, de riesgos y júbilo.
Y así vemos llegar desde ya a las bellas Rita Zelayandía y Josefa Lastiri, a Diego Vigil, Narciso Mallol, el Padre Márquez, Remigio Díaz y, con iluminación cenital, a la presencia brillante —en lo intelectual e ideológico— de Dionisio de Herrera, padre cívico cuyo peso generativo en el plano democrático no ha sido aún suficientemente estudiado. Es quien inspira a Tegucigalpa en la lucha por la independencia, en el rechazo a la anexión a México y en la constitución de la república soñada.